Doble Calingasta
Mi primer gran clasica en San Juan
Juan Pablo nació un 24 de junio de hace 25 años y hace exactamente una década que dejó su familia en Bolívar para formarse deportivamente en San Juan, luego de haber corrido un Argentino Juvenil de Pista y darse cuenta que este era el lugar indicado para forjar sueños.
Ayer ganó su primera clásica y confesó que cuando venía fugado con Toledo y Montivero, se dijo a sí mismo que no podía perder la carrera. "Traté de estar siempre atento a todos los rivales, en la subida, en el descenso, en todos lados. Y cuando vi que partieron Toledo y Montivero en Chimbas no dudé y salté a conectarlos. Sobre el final, cuando me di cuenta que la fuga iba a prosperar, me decía que no se me podía escapar. Me tenía una fe enorme y eso se notó en el embalaje".
Saltó a ganar y ganó doble. Etapa y general. Fue el remate de un magistral trabajo del equipo de Pocito. A rueda quedaron Toledo y Luciano Montivero.
Un carrerón con todas las letras. Una etapa dura, peleada, con potenciales candidatos hasta el mismo final en la caliente y poblada Esquina Colorada. Era para mirar el paso del cuarteto puntero y seguir las agujas del reloj para saber quién quedaba definitivamente al tope de la general. En el embalaje, mejor escrito por la propina de la bonificación, el bonaerense Juan Pablo Dotti (Pocito), entraba en la leyenda de una Doble Calingasta que por otro escenario, lejos del añorado e histórico camino original, sigue siendo lo que fue siempre: la clásica mayor del ciclismo sanjuanino. Un largo rato antes de eso, en la serranía del Villicum, cinco ciclistas tenían 2 minutos y medio sobre el pelotón donde pedaleaba Darío Díaz, el líder. Eran: Oscar Villalobo, Zamora (UOM); Pí, Roberto Richezze (Pocito) y Luciano Montivero (Piquetero). De llegar como venían, el sprint del tramo iba a definir al patrón de la Calingasta. En Albardón, a menos de 20 minutos del cierre, vino el acople. O aflojaron los punteros o del fondo se armaron para concretar un acople que no parecía tan sencillo, a unos 20 minutos de la bandera a cuadros. De nuevo y de vuelta un masivo grupo al frente y todo casi cantado para ver otro embalaje en bloque al paso por Albardón, más allá del mediodía y bajo un sol que parecía un soplete. Pero faltaba lo mejor. El siempre infaltable toque de suspenso que entró en escena, justamente, en los últimos 7 kilómetros. Vino el ataque piquetero encabezado por Montivero grande y el riojano Toledo (uno que anda como cuando tenía 15 años menos). La contraofensiva estuvo a cargo de Dotti y de Gabriel Carrizo (Movimiento Agropecuario), un corredor que viene del lote promocional y cada vez camina mejor. Con su compañero Díaz en el segundo grupo, el pique de Dotti fue una mezcla de cabeza y piernas por partes iguales. Había que salir a buscar a dos fuertes rivales que con esa acción, quedaban con los dos primeros puestos grandes en la mano por los 10 segundos de desventaja que tenían en relación al puntero. Esa diferencia se pulverizó hasta pasar a disponer de más de 15 segundos a favor, con la llegada encima. Con ese electrizante panorama, de este cuarteto tendría que surgir el dueño de la carrera mayor del club Del Bono, en un todo de acuerdo con las posiciones del embalaje. Y fue nomás Dotti. Más rodador que llegador. Pero como sabiamente decía el español Miguel Induráin, no gana solamente el más veloz. También tiene su chance el que llega más entero, el que posee ese plus que sacan a relucir los grandes en los momentos más cruciales de la última explosión de esfuerzo. No se sabe si le habrán sobrado vatios. Pero que Dotti ganó sin necesidad de recurrir al monitor, de eso no hay dudas. Empezó a festejar cabeza y redoblona antes de pasar la raya. Con tres guapos a rueda, en el mismo orden del cuadro de honor.